Apoyada en el reposa-cabezas del copiloto mira las estrellas que salpican de blanco el negro del cielo anochecido. Luego mira hacia el frente, y observa las luces nocturnas que iluminan una cuidad que parece inclinarse para darle la bienvenida. Esa imagen siempre le recordó a las veraniegas noches en que veía desde el punto más alto de una colina,a su pueblo encendido esperando por ella. Esas vistas siempre le relajan, y las alterna para intentar compararlas, luces, estrellas; estrellas, luces... Mira por la ventanilla y trata de contar las farolas que ahora iluminan una autopista. Mira hacia la izquierda, y se pierde en lo que le parece que es la mejor de las vistas.
Ni las estrellas, ni las luces, ni ninguna otra vista es más maravillosa. Vuelve a mirar hacia el cielo, pero sabe que ya no es lo mismo. Las luces se han perdido, ya no se inclinan a sus pies, han sentido vergüenza por no igualarse.
Vuelve a mirar hacia la izquierda, y graba en su retina la imagen. Para recordarla siempre.
Ni las estrellas, ni las luces, ni ninguna otra vista es más maravillosa. Vuelve a mirar hacia el cielo, pero sabe que ya no es lo mismo. Las luces se han perdido, ya no se inclinan a sus pies, han sentido vergüenza por no igualarse.
Vuelve a mirar hacia la izquierda, y graba en su retina la imagen. Para recordarla siempre.

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